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CAJ / Walter Mendoza, del área de Gestión del Riesgo de Desastres

Valera: ¿Estamos en riesgo de sufrir un desastre?

**Se puede mencionar el declive de los ecosistemas debido a la construcción de infraestructuras en zonas no aptas, falta de supervisión que asegure que se cumplan con los estándares de calidad en las construcciones

14 de Marzo del 2015.

Colaboración de todos
Con lo antes expuesto, pues nos damos cuenta de que este tema no es, ni ha sido y mucho menos será ajeno a la realidad de nuestro país, de nuestra ciudad o nuestra comunidad, pues no podemos definir a ciencia cierta cuando pueda ocurrir, por lo tanto no tenemos de otra que estar preparados, y ello es un trabajo de todos pues la gestión de riesgos y desastres es un hecho donde entre todos prevenimos, todos nos preparamos para actuar de manera acorde y todos aportamos para superar las situaciones. Por tanto no dejemos a un lado esta cuestión que nos incumbe a todos, nos afecta a todos y nos toca a todos dar respuesta. Por tanto, colabora con una ciudad más segura, evitando los riesgos y desastres.

(CRIXMAR ROJAS | CNP 11478)

       "Al hacer referencia específica a los desastres, estamos hablando de aquellas circunstancias o condiciones en que la sociedad haya sido afectada de forma importante por el impacto de eventos físicos de diversos orígenes, tales como terremotos, huracanes, inundaciones o explosiones, con consecuencias en términos de la interrupción de su cotidianeidad y sus niveles de operatividad normal".

       Así comenzó sus análisis del tema de riesgo de desastres Walter Mendoza, del área de Gestión del Riesgo de Desastres del Centro de Animación Juvenil, quien siguió explicando que "estando frente a una noción o concepto de riesgo particularizado, lo que podemos llamar Riesgo de desastre o Riesgo que anuncia un desastre futuro, constituye un subconjunto del riesgo global o total, y como se describe, trae consecuencias tales como el riesgo de salud, económico, social, estructural, tecnológico, entre otros".

       Crecimiento

       Entonces, cabría preguntarse -continuó el especialista- ¿está en riesgo nuestra ciudad?, y la respuesta es afirmativa por razones múltiples, entre las que encontramos el crecimiento de la población urbana y el progresivo aumento de la densidad que ejerce presión en los suelos, además del aumento que originan los servicios que deben prestarse a esta masa, otra es el hábitat en laderas no estables, la limitación o ausencia de recursos por parte del gobierno local, regional o nacional que incluyan mandatos que definan la reducción de riesgos y las respuestas que hay que dar ante ellas, la poca colaboración de los socios locales en la planificación urbana, la inadecuada gestión de recursos hídricos, sistemas de alcantarillados, desagües y acumulación de residuos sólidos que son la causa de emergencias en materia de salud, inundaciones y deslizamientos.

       Construcción en zonas no aptas

       "También se puede mencionar el declive de los ecosistemas debido a la construcción de infraestructuras en zonas no aptas, falta de supervisión que asegure que se cumplan con los estándares de calidad en las construcciones, la falta de coordinación en los servicios de emergencia, unido a la poca capacidad de respuesta rápida y de un estado de preparación para el mismo y los efectos negativos del cambio climático que generan los cambios de temperatura junto a la intensidad y frecuencia de las precipitaciones, convirtiendo a éstos en un factor primario para generar inundaciones y cuadros virales".

       ¿Qué hacer?

       Así como existen múltiples factores de riesgos, también existen diversas respuestas, como crear ciudades resilientes, en las que se reduce el riesgo de desastres a través de la ubicación de la población en viviendas con servicios e infraestructura adecuada, contar con gobiernos incluyentes, competentes, y responsables que urbanicen de manera sostenible y que destine los recursos necesarios para asegurar la organización de la ciudad antes, durante y después de que una amenaza se materialice, además de que genera políticas informativas que hagan entender a la población las amenazas, riesgos, vulnerabilidad y posibilidad de ocurrencia de un desastre a las que se está expuestos, explicó Mendoza.

       Así mismo, -destacó- se debe contar con la colaboración de los actores locales para planificar la ciudad en conjunto, tomar medidas de anticipación a los desastres y mitigar su impacto mediante el uso de la tecnología, e implementar estrategias inmediatas de recuperación y restauración de los servicios básicos para reanudar la actividad social tras un desastre.


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