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Es
el de Adriano González León un nombre admirado
y respetado tanto en el mundo de las letras como en el
del público que gusta de la buena literatura y
ponerse ante la televisión para enterarse de lo
que dicen en sus programas algunos intelectuales valiosos.
Esta pedagogía para televidentes, siempre grata
porque lo lleva a uno de la mano por los caminos del saber,
sin forzarlo para nada, sino más bien recreándolo,
ha sido, y es aceptada unánimemente entre nosotros.
Cada exposición de los escritores que ha tomado
a su cargo tan loable responsabilidad, es una enseñanza
provechosa que se asimila con gusto y es comentada con
verdadero interés. Incluso personas no inclinadas
a leer sino las noticias de prensa, llegan a seguir con
visible simpatía los relatos que tratan de la vida
de los grandes hombres de la ciencia o el arte. De personajes
universales o nacionales, cuya trayectoria ignoraban a
veces por completo. Igual que Arturo Uslar Pietri con
sus "Valores Humanos", Adriano González
León ha hecho famoso su programa "Contratema",
auténtica cátedra humanística al
alcance de viejos y jóvenes, de la gente culta
y de quienes no pudieron procurarse una instrucción
aceptable.
Erudito de palabra fácil, apasionado de la tarea
que se ha impuesto, Adriano González León
-prosista selecto, cuentista, ensayista, novelista, poeta,
profesor universitario- transmite sus vastos conocimientos
literarios a un auditorio que disfruta escuchándolo.
Su labor, de tanto contenido didáctico, honra el
prestigio de la inteligencia que la inspira.
Nació Adriano González León en Valera,
estado Trujillo, el año de 1931. Hizo Primaria
y Secundaria en su tierra natal y obtuvo el título
de abogado en la Universidad Central de Venezuela (Caracas).
El ejercicio del Derecho no le impidió seguir su
poderosa inclinación literaria. Fue miembro fundador
del Grupo "Sardio" y en 1956 gana el segundo
premio en el concurso de cuentos que anualmente abre el
diario caraqueño "El Nacional". Le otorgan
ese galardón por su cuento "El Lago".
Al año siguiente aparece su primer libro (de cuentos)
con el sugestivo título de "Las hogueras más
altas", obra recibida con elogios por la crítica.
La acogida es tan ampliamente favorable, que merece los
honores de una segunda edicación preparada en Buenos
Aires, Argentina, con prólogo del famoso escritor
guatemalteco Miguel Angel Asturias, años después
Premio Nobel de Literatura. Esta circunstancia, que puede
considerarse, como lo fue en efecto, un espaldarazo, proyecta
el nombre de Adriano González León por toda
América y el ámbito internacional. En Caracas
se le otorga enonces, por este trabajo, que es leído
con entusiasmo, el Premio Municipal de Prosa en 1958.
De aquí en adelante la producción del escritor
trujillano no se interrumpe. Entre sus libros más
sonados está "País Portátil",
una novela de ambiente venezolano en la que luce el escritor
toda la energía de su prosa. Una prosa original
y fuerte en la que es visible el rumbo de una nueva estética
de la narrativa. Adriano González León,
consagrado ya nacional e internacionalmente, escribe también
teatro.
En 1963 había dado a la estampa, en colaboración
con el pintor Daniel González, el libro "Asfalto-Infierno",
recibido, como todas las producciones suyas, con aplauso
no sólo por los críticos, sino por los muchos
lectores con que cuenta dentro y fuera del país.
Nombrado Primer Secretario de la Embajada de Venezuela
en la República Argentina, se desempeña
allí dignamente y adquiere vinculaciones valiosas.
De vuelta a Venezuela figura como profesor de la Facultad
de Economía de la Universidad Central y es de los
animadores del "Techo de la Ballena", asociación
de jóvenes pintores, escultores y poetas que tratan
de buscar un nuevo camino para su quehacer intelectual.
"País Portátil" (Premio Biblioteca
Breve, Ediciones Seis Barral de Barcelona, España,
1968), se desarrolla parte en el amiente de provincia,
Trujillo concretamente, y parte en Caracas. Junto a episodios
crudos y violentos, fiel trasunto de los conflictos propios
de la ciudad en expansión, aparecen cuadros que
parecen revivir la ingenua sencillez pueblerina de otras
épocas. Adriano González León, maestro
del lenguaje, sabe pintar cosas evocadoras con depurado
estilo de escritor moderno, ciertamente de un modo que
no recuerda para nada a los viejos costumbristas de nuestra
literatura. Un ejemplo: "Amable, el del violón
y Vicente, el de la sinfonía, acompañados
de otros, vinieron una noche por la huerta de las flores
y se pararon en la cerca, debajo de la mata de cayena
que tapaba la ventana siempre trancada, del cuarto de
Ernestina. Se pusieron a dar una serenata porque esa noche
había luna y olían los azahares -dijeron
eso con toda intención, mientras tocaban y era
bueno para los recuerdos y para ponerse a llorar-. Entonces
las cuerdas destempladas del violín dejaron oír
una cosa muy triste, un lamento, hasta que le tocaba el
turno a la sinfonía, y entonces todo partía
el alma y engarzaba la noche y los recuerdos y los vecinos
comenzaban a asomarse a las ventanas y Sultán dejaba
de ladrar y la gente estaba toda ensueño porque
aquellos músicos tocaban con el corazón".
A esta novela de tanto mérito deben acercarse los
nuevos narradores, y los estudiosos de la literatura venezolana
de las últimas décadas.
(Información obtenida del libro
"Gente de Venezuela", Tomo II, del autor Jorge
Maldonado Parrilli.)
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