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Alfonso
Marín nació el 1º de octubre de 1908,
en un pequeño pueblo de los Andes trujillanos, Burbusay,
pueblo de singular encanto, de gentes amables y bizarras,
que indudablemente influyó en la naturaleza lírica
y diligente de Alfonso Marín.
La niñez y adolescencia de este trujillano, nacido
a principios del presente siglo y dispuesta a alcanzar con
su jocunda vitalidad los albores del venidero para gozarlos
con la misma fruición de los años de su "dorada
juventud", estuvieron salpicadas de dificultades y
ocurrencias que ayudaron a formar su carácter activo
y dispuesto a adelantarse siempre con una sonrisa a flor
de labios a las asechanzas de la vida.
Su padre, Ismael de Jesús Marín y su tío
Benjamín Marín, habían alcanzado ambos
el grado de coronel, bajo las órdenes del Doctor
y General Leopoldo Baptista. Los hermanos Marín acompañaron
al Doctor y General Baptista durante las tormentosas alternativas
de la Revolución Libertadora y participaron en las
acciones libradas en torno a la ciudad de La Victoria. Terminada
la contienda, los coroneles burbusayenses regresaron a sus
predios nativos pra disfrutar de la paz, siempre dispuestos
a atender el llamado del caudillo trujillano.
El estado Trujillo, asiento principal del prestigio de los
Baptistas y Araujos, es sometido a una tremenda acción
represiva. Las tropas gubernamentales ocupan las fincas
de los Baptistas y Araujos, se incautan su producción
y desarticulan las estructuras económicas de que
se nutre el poder y el ascendiente de los tradicionales
caudillos de la región; reducidos a prisión
numerosos e importantes trujillanos, enviados a las ergástulas
de la Rotunda, del Castillo de San Carlos o de Puerto Cabello.
Los hermanos Marín se ven precisados, junto con su
primo el General Maximiano Durán, a eludir la persecución
"echándose al monte" por los fríos
parajes parameños. Alfonso muy pequeño queda
bajo el cuidado de su madre, doña Teotiste Pacheco,
quien además del futuro poeta, educa a Ramón
y Eloísa, sus hijos mayores, y amamanta al menor
Julio César, quien llegaría a ser reputado
jurista y también escritor consagrado con pasión
entrañable a la defensa de los intereses de su comunidad
nativa. Los hermanos Marín, considerándose
desligados de todo compromiso político se trasladan
a la Capital del estado Trujillo. Compelidos por la necesidad
de sobrevivir en un ambiente de amenazas y halagos, Ismael
y Benjamín Marín pasan a desempeñar
modestos cargos. Don Ismael se instala en la Escuela Federal
"Cristóbal Mendoza", allí comienza
Alfonso Marín su actividad de poeta y periodista;
sale en su primera aventura por los campos de Montiel de
la Literatura y el periodismo. Terminado el sexto grado
de educación primaria, Alfonso se inscribe en el
Colegio Federal de Varones.
La familia Marín, después de varios años
se traslada a Maracaibo, allí Alfonso, con su constancia
indeclinable, continúa su labor intelectual y comienza
a actuar como reportero en el prestigioso diario "Panorama",
donde asciende muy pronto a la categoría de columnista.
Después del fallecimiento del General Gómez,
regresa a Trujillo para colaborar en la etapa transicional
hacia la democracia; desempeña algunos cargos de
la Administración Pública, estrictamente ceñido
al propósito de desarrollar su vocación de
servicio y procurarse los indispensables recursos para la
subsistencia; pero sus tareas esenciales están ligadas
a la eduación y a la actividad intelectual, literaria
y periodística. Trabaja en la redacción de
"El Relator", escribe prosas literarias y poemas.
De esa época recordamos su hermoso poema "Muchachos
de mi Pueblo", que evoca con estupenda emotividad los
días de la infancia y la adolescencia en su nativo
Burbusay.
En 1939, habiendo salido electo diputado al Congreso Nacional,
Alfonso Marín viaja a Caracas para ejercer su representación
parlamentaria, estableciendo una cálida y amistosa
relación con el gran escritor venezolano José
Rafael Pocaterra.
En 1940, a instancias de Pocaterra, quien ejercía
la Primera Magistratura del estado Carabobo, Alfonso Marín
se radica en la ciudad de Valencia. Allí contrae
matrimonio con una extraordinaria mujer, activista de la
cultura y fina artista plástica, Lucila Arnao Oliva.
Con ella el poeta trujillano se incorpora al quehacer cultural
carabobeño, la secunda en su espléndida labor
frente a la dirección del Ateneo de Valencia y realiza
a la vez su copiosa obra de poeta, periodista e historiador.
Entre la larga lista de sus obras recordamos como las principales:
"Dorada Juventud", selección de sus mejores
versos hasta 1968; "Problemas Sociales", apuntes
sobre derecho laboral, 1951; "El Artista y su Pueblo",
biografía del insigne músico trujillano Laudelino
Mejías, 1957; "El Balcón de la Historia",
1976. Como Cronista de la ciudad de Valencia, desde 1967,
Alfonso Marín ha realizado una fecunda labor, particulrmente
con la publicación de las Actas del Cabildo de la
Nueva Valencia del Rey, ha preparado un volumen bajo el
título de "Varones Contemporáneos de
Carabobo" y adelanta con tesón su obra sobre
la historia completa de Valencia.
Próximo a cumplir los ochenta y tantos años
de existencia, Alfonso Marín continúa trabajando
con entusiasmo juvenil, publica una columna en el diario
"El Carabobeño", compone versos, logrando
melancólicos acentos mediante la combinación
de eneasílabos, eptasílabos y endecasílabos
en un alarde lúdico-lírico de gran calidad
artística. Es muy difícil comprender en
pocas páginas la vasta labor cultural de Alfondo
Marín.
(Información obtenida del libro
"Gente de Venezuela", Tomo II, del autor Jorge
Maldonado Parrilli.)
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