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Para
el año de 1780, la familia Linares era muy conocida
y poderosa en la población de San Lázaro (Provincia
de Trujillo). Inicialmente un sacerdote de nombre Nicolás
Linares Olivares se había establecido en el poblado
para ejercer su monasterio religioso, trayendo consigo a
su hermana viuda Margarita Linares de Pérez y sus
hijos: Luis, Nicolás y Margarita Pérez Linares.
En San Lázaro moraba la familia que había
crecido al contraer Nicolás matrimonio e iniciar
la procreación de vástagos, uno de los cuales,
Andrés, nació en el año mencionado.
Alguna vez el joven Andrés bajó a Trujillo,
la capital de la Provincia, a traer encomiendas de su padre
para los señores locales y escuchaba en las tertulias
de la Plaza Mayor y en el negocio mercantil curiosos comentarios
y noticias provenientes de Caracas y España. Los
miembros de la familia Linares se mantuvieron atentos a
los sucesos y enterados del curso que seguían los
negocios públicos.
La tradición oral ha consagrado un episodio, según
el cual, Andrés Linares, encontrándose en
San Lázaro, estableció contacto con una comisión
del Ejército de Bolívar, que andaba en procura
de armas, vituallas y reclutas, pero la rudeza del jefe
de la comisión disgustó a Linares, quien en
el altercado producido le propinó un puñetazo,
dejándolo sin vida. Informado el Libertador del trágico
incidente, ordenó buscar a Andrés Linares,
no para castigarlo por su acción, sino para persuadirlo
en el sentido de incorporarse a la campaña, a lo
que accedió gustoso el sanlazareño, llevándose
consigo a las filas patriotas a todos su parientes jóvenes.
Durante la Campaña Admirable, el sanlazareño
Andrés Linares participa en los principales hechos
de armas que se producen en la ruta Barinas, Guanare, San
Carlos y Valencia. En la muy famosa Acción de Araure,
ocurrida bajo la dirección del propio Libertador,
Linares hizo prodigios de valor, alcanzando el grado de
Capitán y revelándose con gran don de mando
e iniciativa.
Para Andrés Linares la batalla de Araure significa
su consagración como oficial a quien se le pueda
confiar cualquier clase de misión en que la iniciativa
personal pueda suplir la carencia de un jefe inmediato superior
ausente por imperativos de la campaña. Linares se
desplaza hacia Barquisimeto, reuniéndose con Urdaneta,
y en colaboración con el oficial Domingo Mesa. La
forma como estos oficiales realizan su cometido es tanto
más brillante cuanto que satisfacen a cabalidad los
planes estratégicos del Libertador.
Los contingentes de Andrés Linares y Mesa, aislados
e ignorantes del curso de la guerra en el Centro de la República,
continúan su lucha contra las partidas españolas;
Linares afirma su don de mando, su dinamismo indeclinable
y su profundo convencimiento como patriota capaz de correr
todos los riesgos y aún sucumbir en aras del futuro
de la patria.
Después de los difíciles triunfos del Ejército
Patriota, a los cuales contribuyeron significativamente
Andrés Linares y Domingo Mesa, la suerte de los patriotas
comenzó a declinar hasta el desastre de La Puerta
que abre a las caballerías bárbaras de los
jefes españoles el camino de Caracas.
Urdaneta alcanza a ocupar a Barquisimeto, desde donde imparte
órdenes a los comandantes Linares y Mesa para que
se incorporen con su columnas diversionistas. Sale de nuevo
Urdaneta hacia la zona de Valencia, y aquellos van tras
sus huellas para cumplir la orden de incorporación.
Urdaneta debe emprenderla hacia la Nueva Granada, mientras
aquellos jefes se dirigen a los territorios orientales.
En tales circunstancias Linares y Mesa logran incorporarse
al grueso del Ejército comandado por el General Urdaneta.
Linares es desginado como Comandante del Batallón
Barlovento.
La columna realista del oficial Calzada, atacó a
Barlovento, causándole sensibles pérdidas
de efectivos humanos, pero Linares, respondiendo las acometidas,
logró preservar la mayor parte de pertrechos y vituallas.
En la Nueva Granada las tropas venezolanas al mando de Urdaneta
sufren las más variadas vicisitudes debido a las
rivalidades e intrigas del General Castillo contra Bolívar.
Linares, como oficial venezolano sufre los efectos de estas
discrepancias y manejos, pero mantiene su disciplina y decisión
en la lucha. Así una vez en tierra granadina el ejército
expedicionario del General Pablo Morillo, a quien las referidas
discrepancias le facilitan la toma de Cartagena, se ve al
coronel Andrés Linares luchando contra el Ejército
de Morillo, como comandante del Batallón Soberbios
de Antioquia. Linares participa en acciones en Cundinarmca,
Pamplona, El Socorro y Antioquia. Su actividad y valor se
multiplican pero la suerte de la Nueva Granada como antes
la de Venezuela, estaba echada ante las discordias internas
y la obligada ausencia del Libertador y de otros jefes que
después de agotar todos los recursos para conjurarlas,
tuvieron que ausentarse para las antillas inglesas.
Linares al frente de referido Batallón Soberbios
de Antioquia se enfrenta por última vez a los españoles
en Caja Alta, lugar situado entre las parroquias de Cauca
y Remedios, territorio de Antioquia, pero sus fuerzas
sucumben ante la superioridad del enemigo y el héroe
trujillano cae prisionero. Aunque han pasado 3 años
de su iniciación la guerra a muerte continúa
vigente. Caer en manos de uno u otro lado significa inexorablemente
el fin. Y así el coronel Andrés Linares,
prócer de Venezuela y la Nueva Granada, termina
su vida heroica ante un pelotón de fusilamiento
el día 3 de septiembre de 1816.
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