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Vanesa
Andara.- Trujillo,
con su sonrisa inquieta llena de magia y encanto, ha sido
y seguirá siendo uno de los pueblos con más
tradiciones culturales y de gloria en Venezuela, cuna de
hombres célebres que han marcado con sus hazañas
la historia y el progreso del estado, tal es el caso de
Francisco José Peña, mejor conocido como "Chico"
Peña, quien con gran visión futurista y su
amor por la tierra se ha convertido en uno de los más
importantes hombres trujillanos del siglo XXI.
Nace en La Cabaña, una pequeña comunidad del
estado Trujillo, el 04 de diciembre de 1907, hijo natural
del conocido Leopoldo Baptista, presidente del Partido Conservador
que existía para la época, y una humilde jovencita
llamada Angustia Peña.
Chico, pertenece a una generación que se levantó
entre desórdenes civiles y frecuentes guerras, sucesos
que vivió en carne propia cuando tenía cinco
años de edad, momento en el cual el ejército
"realista", invadió su hogar ubicado en
La Cabaña, obligándoles a vivir en la ciudad
de Valera, en una de las propiedades familiares, hoy en
día la Clínica María Edelmira Araujo,
teniendo casa por cárcel, por alrededor de 3 años,
esto con la finalidad de obstaculizar cualquier intento
de conspiración de Leopoldo Baptista, ante el gobierno
de la época.
Con ese trasfondo histórico transcurre la infancia
de Francisco Peña, aunado a que las circunstancias
de su nacimiento le ocasionaron problemas en esa sociedad
trujillana de comienzo de siglo llena de prejuicios, "por
ser hijo natural no tenía aprecio ninguno y mucho
menos entrada a los nobles hogares, todos me trataban como
sirviente, tanto fue así que una madrina llamada
doña Edelmira Baptista de Araujo, en compañía
de la niña Sofía Batista, por órdenes
de mi señor padre, se encargaron de mis hermanas
y de mí, pero en esa casa nos criaron como sirvientes".
Hecho que sin duda marcó la vida de este humilde
trujillano, más aún al conocer a los 10 años
de edad sus verdaderos orígenes.
Sus primeros estudios los hizo cuando tenía 16 años
de edad, en el año de 1923, cuando por petición
de su madrina Edelmira Baptista y siguiendo una promesa
realizada al progenitor de Francisco, lo envía a
recibir clases en la casa de la maestra Doña Carmela
Jelambi, una vez allí aprende a leer y escribir rápidamente,
volviéndose un experto con las matemáticas,
conocimientos que se convirtieron en sólidas bases
para su crecimiento como persona.
"Yo nunca me había puesto un par de zapatos,
siempre vivía con unas sandalias pero era feliz,
toda vez que tenía mi comida al día, ir a
la escuela me llenaba de satisfacción más
aún tomando en cuenta mi edad, pero cuál fue
mi sorpresa que para aquel lugar, asistían todas
las muchachas de la clase alta de la ciudad de Valera, y
yo un humilde muchacho, no sabía qué hacer".
Así fueron transcurriendo los meses, hasta que un
día cualquiera la maestra Carmela, decide al notar
el esfuerzo y las ganas de salir adelante de Peña,
dictarle dos horas extras de clases, "un día
la maestra me llama y me dice que quiere hablar conmigo,
yo por supuesto me asusté todo y lo único
que me pasó por la cabeza es que me retirarían
de la escuela, inmediatamente me encomendé a mi patrona
la Virgen del Carmen, y como cosa de milagro me dijo que
me daría dos horas más de clases, acontecimiento
que llenó de alegría no sólo mi corazón
sino también el de la niña Sofía, que
con mucho cariño y admiración me felicitó".
En el año de 1926, a los 19 años de edad,
Chico Peña termina sus estudios de Educación
Básica, teniendo la oportunidad de seguir con una
carrera universitaria pero su gran amor por la tierra, lo
lleva a trabajar en el campo, decisión que lo convirtió
con el transcurrir de los años en uno de los grandes
ganaderos del estado Trujillo. "Me dieron la oportunidad
de decidir, ya había aprendido lo suficiente, así
que me fui por lo que realmente me hacía feliz como
lo es el campo, pasé muchas necesidades para llegar
a la tierra, porque no la tenía, teniendo que laborar
para los demás y me di cuenta que mi trabajo era
para el amo de las tierras, así que busqué
otras alternativas".
Su primer contacto con la tierra, fue en una hacienda denominada
Contra Fuego, ubicada en la ciudad de Valera, posteriormente
buscando mejoras, viaja a las compañías petroleras,
desenvolviéndose en el área del campo, una
vez allí regresa a Trujillo, respondiendo al llamado
de su señor padre, quien venía a realizar
una revuelta, pero desafortunadamente los que estaban en
el movimiento se adelantaron, ocasionando con esto el fracaso
rotundo de este acto subversivo.
Una vez en Trujillo, aprovechando los conocimientos adquiridos
con la maestra Doña Carmela, se dedica al área
administrativa, logrando llevar la administración
de varias haciendas de la zona, entre las que se encuentra
la denominada Zaragoza, con opción a compra, pero
desafortunadamente varias personas adineradas de la época
tenían gran interés en este lugar, teniendo
que desistir de su idea, posteriormente a este hecho el
banco le otorga otras tierras para que las administrara,
pero al ver aquel lugar Francisco decide comprarlas con
sus pocos recursos logrando convertirlas a través
del esfuerzo y la dedicación en tierras verdaderamente
fructíferas, llamándola "Hacienda Santa
Teresa", ubicada en el municipio La Ceiba del estado
Trujillo.
Una vez adquirida esta propiedad con 40 años de edad,
Francisco Peña, contrae matrimonio con una bella
y humilde joven, llamada Cristina Díaz, surgiendo
de esta unión una numerosa familia, formada con sólidas
bases y excelentes principios morales.
Ya dedicado a su hacienda años más tarde forma
la Agropecuaria "Santa Teresa", que actualmente
es una de las más grandes áreas productoras
de la región, teniendo los cuatro rubros: agricultura
representada por el maíz, ganadería (leche
y carne) y pesicultura que es la reproducción y quema
de pesos.
Hoy en día a los 94 años de edad, Francisco
Peña descansa en una pequeña hacienda construida
hace pocos años con la finalidad de pasar en compañía
de sus hijos y nietos los últimos años de
su vida, convirtiéndose por su noble labor y su gran
espíritu de lucha en un valioso personaje para el
estado Trujillo, y cuyo ejemplo es digno de admiración.
La familia Mejías sin descartar al bien nombrado
doctor Rafael Rangel.
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