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En
las primeras décadas del siglo XX, el estado Trujillo,
al lado de las graves dificultades que confrontaba por
las persecuciones de que eran objeto sus personalidades
políticas más connotadas, por las plagas
de langostas y epidemias asoladoras como la de la gripe
española, ofrecía un cuadro de inquietudes
constructivas de alto valor cultural. Así, en la
ciudad de Trujillo se publicaba la Revista Pedagógica,
fundada por don Pedro Carrillo Márquez, con la
colaboración de un excelente equipo de maestros
de toda la región. En la ciudad de Valera se editaba
por aquellos días La Revista "Cosmos",
fundada y dirigida por don Pompeyo Oliva, empresario de
la tipografía, oriundo de la población de
Santiago.
Por esa época inició su labor literaria
uno de los poetas demás elevada inspiración
que ha dado el estado Trujillo: Eladio Alvarez de Lugo.
Nacido en la ciudad de Valera el año de 1887, se
formó en el ambiente cordial y movido de la joven
urbe que ya comenzaba a perfilarse como un centro mercantil
de promisores alientos. Era la época en que el
"Gran Ferrocarril de La Ceiba" presta óptimos
servicios al desarrollo agro-comercial del estado Trujillo,
ubicado en las riberas del Motatán, un polo de
interés constante para todas las personas que de
uno u otro modo pensaban en el progreso de su tierra nativa.
Los primeros versos de Alvarez de Lugo fueron publicados
en los periódicos de la época, cuando su
autor aún cursaba bachillerato en el famoso Colegio
Santo Tomás de Aquino, que regentaba en la ciudad
nativa el eminente Sacerdote Miguel Antonio Mejía
quien posteriormente fue Obispo de Guayana y figura esclarecida
del episcopado venezolano.
Como todos los poetas de la época, Alvarez de Lugo
rindió su tributo al romanticismo cuyas últimas
ráfagas emanaban de los versos cargados de recónditas
musicalidades de Gustavo Adolfo Bécquer y de las
endechas de Enrique Heine, magistralmente traducidas por
nuestro gran poeta Juan Antonio Pérez Bonalde.
Pero Alvarez de Lugo, por alguna circunstancia misteriosa,
de esas que inexplicablemente mueven a ciertos poetas,
iba más allá y mostraba una cultura literaria
y un dominio de métrica y de ritmos que lo ubicaban
en las avanzadas criollas del parnasianismo que ya cultivaban
en Caracas bardos de tanta siginificación literaria
como Jacinto Gutiérrez Coll, Gabriel Muñoz
y Andrés Mata, éste, antes de evolucionar
hacia la poesía intimista de "Arias Sentimentales".
Conocimos a Alvarez de Lugo cuando era ya avanzada la
década del 30. Desempeñaba el cargo de Inspector
Técnico de Instrucción Púbica en
Trujillo y ya había silenciado su lira, salvo para
participar en el concurso del centenario de la muerte
del Libertador, promovido por el Ejecutivo del Estado,
donde obtuvo el triunfo con el soneto "Bolívar
en Trujillo", cuyos tercetos, en bella síntesis
histórica, decían:
Teatro en donde el adalid actuara
con gesto inexorabe o condolido,
según los avatares de la suerte:
Inmortaliza la ciudad preclara
de Cristóbal Mendoza el haber sido
cuna y sepulro de la guerra a muerte.
Don Eladio Alvarez de Lugo era hombre muy modesto en vida
y en sus modales, Concretado a sus labores de funcionario,
apenas si tenía comunicación con algunos
pocos allegados y nunca hablaba de sus versos que tanto
interés despertaron en los círculos literarios
de los primeros años de este siglo y que merecieron
la acogida de "El Cojo Ilustrado", la gran revista
literaria de la Venezuela de entonces. En aquellos días
don Mario Briceño Iragorry emitió el siguiente
concepto crítico: "Alvarez de Lugo es indiscutiblemente
un gran poeta, por la inspiración que revela en
sus versos y por la cultura de su espíritu. Tiene
una obra numerosa, dispersa en revistas y periódicos
del país". En el mismo comentario Briceño
Iragorry observa que el poeta "lleva más de
treinta años silenciado para el público".
En 1949 el propio Mario Briceño Iragorry, siendo
Embajador de Venezuela en Bogotá, preparó
una edición de los mejores versos de Alvarez de
Lugo bajo el título de "Regreso del Olvido".
Entre las poesías que más se leían
y celebraban del notable bardo trujillano recordamos la
composición denominada "Luz" que expresaba
las férvidas aspiraciones espirituales del poeta,
en cuarteto y terceto de gran sonoridad y lirismo, rematados
en la siguiente forma:
Salud! Visión de oro y amatista,
polar estella de las vagas brumas
de un siglo de ideal positivista.
Empapa el noble acero de las plumas
en tu esplendor, que eclipsa al propio Osiris,
y quiebra siempre en mi ilusión de espumas
la pedrería musical del iris.
Poesía de muy altas tonadidales que se hallaba
fuera del gusto todavía plagado de resabios románticos,
por lo cual no alcanzaba los halagos de la popularidad.
Sin embargo en otros poemas, Alvarez de Lugo se hizo más
accesible a la comprensión común. Tal en
aquella hermosa página de álbum que comienza
filosóficamente:Amo las cosas negras,
las noches, los pesares,
del fondo de la sombra se destacan
los más ricos esmaltes;
del seno de la noche, las estrellas,
y del dolor los corazones grandes.
O en aquel hermoso poema que describe con riqueza de luz
y de contrastes cromáticos el paisaje del desierto
y concluye con una invocación plena de vida y de
sensualidad:
Tú el oasis, mujer; tu amor, el agua;
sitibundo y cansado, yo, el viajero;
tu carne, opresa entre la angosta enagua,
el dulce y frutecido datilero.
Tengo sed de tu amor. Mi labio arde
con la llama voraz del mediodía.
Quiero dormir bajo tu sombra;
es tarde, y estás lejos Damasco todavía!
Don Eladio Alvarez de Lugo después de una existencia
silenciosa y fecunda, consagrada al estudio y trabajo,
invariablemente inmersa en la tranquilidad de su honorable
hogar, murió en Caracas el año de 1959.
(Información obtenida del libro "Gente
de Venezuela", Tomo II, del autor Jorge Maldonado
Parrilli.)
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