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Vanesa
Andara.- Trujillo,
tierra de encanto, desde su fundación se ha caracterizado
por ser cuna de grandes hombres, cuyas actividades se
ven reflejadas en el progreso y desarrollo de la región,
tal es el caso de Josefa María Sulbarán,
mujer humilde y sencilla, que a través de sus manos
y su gran imaginación le ha dado color a esta tierra
andina.
Josefa María Sulbarán, nace el 5 de diciembre
de 1923 en la población de Los Cerrillos, es la
tercera de cuatro hijos de Virginia Sulbarán, siendo
su padre José Rosario Villarreal Aldana.
Sus estudios fueron muy limitados, como era lo corriente
para aquella época, su madre doña Virginia,
preocupada por que Josefa aprendiera las primeras letras,
se la encomendó al señor Raimundo Montilla,
para que la enseñara a leer y escribir; posteriormente
en 1937 se fundó en Los Cerrillos, "la Escuela
Rural número 3217", y Josefa estuvo entre
sus primeros alumnos, con la señorita María
Malbelina Castellanos como maestra, el estudio no le gustaba
mucho, pero lo que sí le encantaba era dibujar
en silencio.
Josefa Sulbarán comenzó a pintar tarde,
el medio donde nació y ha vivido siempre no fue
favorable para que desarrollara desde temprana edad sus
extraordinarias facultades artísticas. "Desde
muy pequeña, sin saberlo desarrollé una
gran aptitud para la pintura a pesar de que nunca había
visto a nadie pintando, mientras mis amigas jugaban con
muñecas, yo dibujaba sobre la hoja de un árbol
que se llama carpaco", al finalizar destruía
la hoja en donde se encontraba el dibujo para que nadie
se diera cuenta de su don, debido a que su gran timidez
no se lo permitía "yo deseaba pintar pero
me daba vergüenza con las personas".
Josefa, convertida en ama de casa y dedicada a la crianza
de su hija Auxiliadora, pinta en su tiempo libre con creyones
sobre el cartón de una caja de zapatos, siendo
su primer cuadro Los Cerrillos en 1967. "Yo tenía
un inmenso deseo de dibujar Los Cerrillos, entonces lo
pinté con los creyones que utilizaba mi hija para
ir a la escuela, en una tapa de zapatos, yo no sabía
que existían lienzos, pinceles ni nada por el estilo".
El padre Trejo, párroco de Mendoza, vio el pequeño
cuadro y le pidió que le realizara uno semejante,
avergonzada Josefa no se atrevió a pintar nuevamente
aquel paisaje, perdiéndose posteriormente tan hermoso
paisaje.
Lo que comenzó como un simple sueño se convirtió
en una hermosa realidad cuando por segunda vez Josefa
pinta Los Cerrillos, su hija encontró el cuadro
y lo mostró a un amigo, ambos la convencieron para
exhibirlo pero sólo lograron colocarlo en el comedor
de la casa, sin saber que ese sería el primero
de muchos cuadros pintados por la mano de Josefa Sulbarán.
Después de la exhibición del cuadro, un
24 de diciembre llega a la casa de la pintora el ingeniero
José Domingo González, quien se admira por
el hermoso paisaje realizado por aquella humilde mujer.
Días después de esta agradable compañía,
Josefa recibe la visita los primeros días de enero
del artista Carlos Contramaestre, quien le pidió
que le vendiera el cuadro, negándose rotundamente
doña Josefa, situación que llevó
al pintor a pedirle que le realizara uno similar y le
hizo llegar lienzos, pinceles y óleos, petición
a la cual Josefa no pudo negarse.
A partir de este momento, comienza una nueva etapa en
la vida de esta talentosa pintora trujillana, en 1968
gracias a los consejos y continuas visitas de Contramaestre
y Antonio Cárdenas, Josefa realizó después
de "Los Cerrillos", dos versiones de Mendoza
Fría, la cual una de ellas se encuentra en el Museo
de Arte Moderno de Mérida.
En 1976 participa por primera vez en una exposición
en homenaje a Salvador Valero, en la galería "El
Ojo de la Montaña", en Valera.
Posteriormente en 1978 Carlos Contramaestre y Enrique
Hernández, organizan una muestra de pintores populares
venezolanos en el Instituto Italo Latinoamericano en Roma,
Italia, en el cual participa Josefa Sulbarán. En
1979 se realiza la primera individual de Josefa Sulbarán,
en homenaje a Lourdes Armas, en la galería de artes
visuales de la Universidad del Zulia, en Maracaibo.
Para 1980, Josefa Sulbarán expone junto a otros
pintores trujillanos en la Facultad Experimental de Ciencias
de la LUZ en Maracaibo.
Son muchos los logros obtenidos por esta sencilla pero
extraordinaria artista trujillana, como es el caso que
en 1983 el Museo Salvador Valero la invita a participar
en el homenaje al Año Bicentenario del Libertador
"Bolívar en la Imaginación Popular",
en 1985 obtiene el premio especial para pintura "Familia
Monsalve", en el VI Salón de Arte Popular
de Fundarte por su obra "Médicos yerbateros",
en 1986 participa en la Colectiva "Muestra de Plástica
Trujillana", organizada por el Museo Salvador Valero
en la ciudad de Trujillo, ese mismo año gana el
premio especial para pintura en el VII Salón de
Arte Popular de Fundarte con su obra "El Paseo del
Niño".
Gracias a su gran esfuerzo y dedicación obtiene
el premio para pintura Salvador Valero, en la I Bienal
de Arte Popular Salvador Valero.
Josefa Sulbarán, a pesar de su gran timidez como
pintora logró exponer sus obras en escenarios tanto
nacionales como internacionales, en 1978 participa en
una colectiva en homenaje a Lourdes Armas, en la Galería
de Artes Visuales en la Universidad del Zulia, ese mismo
año realiza otra colectiva "Pintores Populares"
en la jornada cultural de Venezuela, Instituto Italo-Latinoamericano
en Roma - Italia.
Son muchas las obras realizadas por esta noble trujillana,
entre las que se pueden destacar: "Los Cerrillos",
"Paseo del Niño", "La Llorona",
"Retrato de la Familia", "Celebración
de Noche Buena", "Paradura del Niño Nocturna",
"Bolívar entrando a Carmania", "Matrimonio",
"Boda Campesina" entre otras.
En la actualidad con 79 años de edad, sigue plasmando
en óleo las imágenes que adornan sus sueños,
convirtiéndose de esta manera en un personaje de
la historia trujillan.
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