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Jorge
Briceño Carmona-. La
figura egregia y recia de don Juan Bautista Carrillo Guerra,
se presenta en nuestra historia, como una de los precursores
del periodismo Trujillano y un gran reformador que abrió
paso al progreso de la región a finales del siglo
XIX y a principios del siglo XX.
Vio la luz del mundo este exepcional trujillano l 7 de
febrero de 1832, en la propia ciudad de los cedros, en
el hogar conformado por don Juan Bautista Carrillo Quevedo
y doña Guadalupe Guerra, ambos oriundos de la urbe
de Diego García Paredes, meciéndose su cuna
entre el imponente cerro Vichú y la majestuosa
Peña de la Virgen.
La infancia de Carrillo Guerra, transcurre dentro de una
prolongada pobreza, situación esta que no amilanó
la estricta disciplina y los nobles ideales de su honorable
hogar, y precisamente, sus primeros pasos de formación
los dio en su hogar, donde recibió nociones generales
de instrucción primaria y secundaria, enseñadas
por su padre y por su abuela paterna, doña Rosalía
Quevedo de Carrillo.
Digno de ejemplo para las nuevas generaciones debe ser
el trabajo desplegado por nuestro personaje, como periodista,
político reformador, educador y filántropo;
pues fue Juan Bautista Carrillo Guerra quien trajo la
primera imprenta a la ciudad de Trujillo en 1864, iniciando
desde ese momento, el periplo de culturizar y orientar
a través de sus periódicos donde cumple
una encomiable labor patrótica.
Una de las tribunas más elocuentes, donde se afianzó
el Carrillo Guerra político, fue el famoso periódico
"La Opinión", vocero que generó
en el Trujillo de la época los más diversos
comentarios.
Unidos a "La Opinión" aparecen otros
grandes periódicos de suma importancia en Trujillo,
ya con su firma o con seudónimo, vehículos
de información estos que desarrollaron un rol fundamental
en el proceso político y formador de la región,
y que hoy la historia los muestra con orgullo.
El Carrillo Guerra reformador jugó un papel preponderante
en el progreso de Trujillo, y gracias a sus reiteradas
gestiones a través de viajes a Caracas, y cartas
enviadas a los altos personeros del gobierno nacional,
logra la prolongación del telégrafo hasta
los estados Mérida y Trujillo.
Desde 1870 Juan Bautista Carrillo, Pedro Pou y Antonio
Braschi, concibieron la fundación de un ferrocarril
que partiera desde La Ceiba hasta el barrio La Otra Banda
(hoy Santa Rosa) en la ciudad de Trujillo; de allí
nacieron las primeras gestiones limitadas por elemental
prudencia, al ramal inicial de La Ceiba, hasta Sabana
de Mendoza.
Luego de acrisolada la idea, el 17 de marzo de 1880, el
señor Benito Ronzajolo, celebra un contrato con
el entonces Ministro de Obras Públicas, Dr. Jesús
Muñoz Tebar, para la construcción del ferrocarril
desde La Ceiba hasta Sabana de Mendoza. Este contrato
fue aprobado por el Congreso el 10 de abril de 1880, y
Roncajolo da inicio a los trabajos de exploración
y trae sus primeros materiales, con dinero suministrado
por Carrillo Guerra y Antonio Braschi, sin devengar intereses.
En septiembre de 1880, llega a la Ceiba el primer cargamento
constante de 300 toneladas de rieles de acero, carros
y otros elementos necesarios para la construcción
del ferrocarril.
A Carrillo Guerra se debe entre otras cosas, la real y
próspera apertura del comercio en la ciudad de
rujillo, la construcción del monumento a Bolívar
y Morillo en Santa Ana y la implantación de la
carretera Trujillo-Motatán-Valera.
En el aspecto educativo este trujillano digno de los mejores
elogios, dio a Trujillo la oportunidad de tener clase
de idiomas vivos, de Historia Universal y de Pedagogía
en el Colegio Federal de Varones y en la Escuela Federal
anexa al Colegio, clases de canto y piano en el Colegio
Nacional de Niñas, amén de escribir la Historia
de la Instrucción Pública en Venezuela.
Como filántropo fue muy recordado y está
vigente gracias a sus biógrafos e historiadores,
llegándose a decir que en las tardes, recorrieron
sobre su caballo las calles de la ciudad, lanzaba monedas
de oro por las ventanas de las casas donde habitaban los
más pobres, o dando el pan diario a los nmenesterosos
a las puertas de su fabulosa tienda "Al Totili Mundi".
Don Juan Bautista Carrillo Guerra, erudito, filántropo,
comerciante, reformador, político y guerrero, sutil
pero fuerte como el viento paramero, dejó en Trujillo
una inmensa huella, sin buscar glorias y sin pretender
ser símbolo preponderante -que lo fue-; al contrario,
puso todo su esfuerzo por sacar a Trujillo del oscurantismo
y llevarlo a la claridad para encaminarlo por derroteros
de sabiduría y progreso.
Hoy las nuevas generaciones de Trujillanos tenemos el
ineludible deber de reconocer en Carrillo Guerra el ejemplo,
su interés por el bienestar de la región
y sobretodo, por ser el precursor del periodismo, que
es en síntesis, molde de educación, formación
y cultura.
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