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Oscar
nace en la ciudad de Trujillo el año de 1911. Su
niñez está signada por la pobreza, pero
protegida por el entrañable afecto de su madre
y de sus familiares más cercanos. El modestísimo
hogar de Oscar Martínez tiene su asiento en La
Travesía. Desde la ventanita de la pequeña
casa que habita con su madre, Oscar puede contemplar a
sus anchas el panorama que le ofrece su pueblo nativo
y el espléndido verde de las montañas que
reverberan bajo el sol.
Oscar tiene siete años cuando comienza a recibir
sus primeros conocimientos bajo el cuidado del Br. Humberto
Domínguez. Luego a recibir clases de don Tobías
Valera Martínez, quien le trata como pariente y
le enseña las materias que completan la educación
primaria: elementos de gramática, aritmética,
historia, geografía y doctrina cristiana. En aquella
época la educación media no está
al alcance de los hijos de familias demasiado pobres,
por lo que Oscar Martínez se ve precisado a trabajar
pra ayudar al sostenimiento de la vida hogareña;
entra como aprendiz de sastre, pero también se
aficiona a los afanes artísticos del Maestro Rafael
Pernalete, el cual colabora en la dirección de
la Banda del Estado con su amigo Laudelino Mejías.
Los maestros al darse cuenta de las magníficas
dotes de Oscar Martínez se interesan en hacerle
partícipe de todos sus conocimientos en materia
de música. Oscar que ha observado al profesor Mejías
en la ejecución del clarinete, le pide a éste
entrenamiento, de esta manera el maestro encuentra un
invalorable sustituto que le permite consagrarse a sus
labores de dirección y composición. El músico
Antonio Anselmo Berti, en sus visitas a la capital del
estado, escucha al joven clarinetista y le imparte consejos
orientadores de gran utilidad en su carrera artística.
El año de 1930, Martínez es uno de los mejores
músicos con que cuenta la Banda. Su juventud irradia
entusiasmo y participa de la grata bohemia pueblerina.
Siendo el más joven de la pandilla, disfruta de
aquel ambiente jubiloso, pero se contiene y limita el
uso de las libaciones; ya que su interés es más
serio y de mayor alcance, el de llegar a ser un genuino
profesional del pentagrama.
Los primeros años de su carrera los dedica Oscar
Martínez a la interpretación del requinto;
sus maestros se encuentran ampliamente satisfechos por
los progresos del joven discípulo. Le han proporcionado
todos los conocimientos que atesoran y él sin duda
alguna ha sabido aprovecharlos al máximo. Ellos
están contentos, pero él intuye que le hacen
falta muchos esfuerzos y desvelos para alcanzar la realización
de sus ambiciosos fines. Una tarde al tomar el clarinte
rememora una melodía y de esta manera inicia su
obra de compositor, con el romántico motivo que
identifica bajo el nombre de "Cuando ríen
tus ojos". En lo adelante Oscar Martínez,
a influjo de sus inclinaciones afectivas, dedicará
los mejores momentos de su vida de artista a la composición.
Sus maestros le han proporcionado un valioso material
para su formación, pero él tiene que redoblar
sus conocimientos si quiere tener éxito en el campo
de la actividad creativa. Oscar Martínez entonces
se decide a ampliar sus estudios, casi en secreto por
temor a las burlas de algunos de sus compañeros
de trabajo, no ceja en su propósito de profundizar
en el arte de vocación. Sus peguntas al Maestro
Laudelino y sus consultas a don Rafael se hacen más
frecuentes. Oscar se ejercita en la preparación
de obras populares; pero insiste en su empeño de
ahondar en la armonía, el contrapunto, la composición.
Entre tanto continúa en su trabajo interpretativo
de las más variadas partituras como primer clarinete
de la Banda del Estado.
En 1958, El Dr. Mario Briceño Perozo decide fundar
la Escuela de Música, Francisco Esteban Razquin,
adjunta al Ateneo de Trujillo. Oscar Martínez,
ya con su magistral dominio de su arte, se incorpora al
personal docente, y contribuye a formar la brillante promoción
que actualmente brilla en el estado Trujillo. Las composiciones
de Oscar Martínez son muy conocidas y celebradas.
Una de ellas, el joropo "Arpa y Orilla", gana
el primer premio en el Segundo Festival de la Canción
Popular Venezolana, organizado por el Ateneo de Trujillo;
luego viene un triunfo de resonancia nacional cuando obtiene
con su canción "Estampa" el primer premio
en el Tercer Festival de la Música Popular Venezolana,
celebrado en la Capital de la República.
El sentimiento afectivo de Oscar Martínez por su
tierra natal, lo mantiene irremisiblemente apegado a ella;
aquí continúa de por vida su labor, consagrado
a formar nuevos valores, a impulsar vigorosamente el desenvolvimiento
de la docencia musical trujilana.
Entre las composiciones de su repertorio, las organizaciones
corales de Trujillo ofrecen con frecuencia valses perfumados
de esencias telúricas, como "Cerrito Santa
María", "Sabaneta", "Carache",
"Valera Cumpleañera", "Viejo Camino",
"Mensaje Triste", "Valera", "Unos
Ojos"; tiernos villancicos de Navidad, como "Una
estrella brilla", "Cantemos alegres" y
"Resuenan Campanas", y espléndidos motivos
místicos como "Ave María" y "Misa
a la Virgen del Carmen".
En una madrugada de mayo de 1974, mientras la brisa traía
y llevaba notas de serenata, Oscar Martínez falleció
en su ciudad natal, cuando aún se esperaba mucho
de su inspiración y de su indeclinable laboriosidad.
Toda la ciudad se congregó en la Plaza Sucre, frente
al viejo templo de Nuestra Señora de la Chiquinquirá
para presenciar los oficios fúnebres en su honor.
Durante la marcha hacia la necrópolis, sonaron
los solemnes compases de partituras que el inspirado músico
había interpretado muchas veces en las solemnidades
religiosas de su tierra.
(Información obtenida del libro "Gente
de Venezuela", Tomo II, del autor Jorge Maldonado
Parrilli.)
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