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Rafael
Rangel nació en Betijoque, pequeña ciudad
del estado Trujillo, el día 25 de abril de 1877.
Sus padres son Eusebio Rangel, comerciante, de evidente
origen africano y Teresa Estrada, humilde mujer del pueblo.
Eusebio y Teresa no son casados, y ésta muere cuando
su hijo es aún muy niño. El padre Eusebio
se hace cargo del pequeño, lo reconoce ante el
Registro de Estado Civil y le proporciona los recursos
necesarios a su educación.
La instrucción primaria le es impartida a Rafael
Rangel en su propio lugar de nacimiento. El maestro Enrique
Flores le proporciona los primeros conocimientos. Terminada
su primera etapa educativa, el padre don Eusebio le envía
a Mérida para que prosiga estudios en el Seminario
Diocesano, pero tal era su vocación que Rangel
se traslada a Maracaibo para cursar en el famoso Instituto
"Maracaibo". En la Universidad del Zulia obtiene
Rangel el título de Bachiller en Ciencias Filosóficas;
inicia sus estudios de medicina, pero los interrumpe para
dedicarse por entero a la Biología. Rangel se traslada
a Caracas y prosigue sus estudios de medicina en la Universidad
Central. Rangel, con dos grandes contrapuestos maestros,
los doctores José Gregorio Hernández, católico
fervoroso y Luis Razetti, ateo, realiza estudios de histología,
física, bacteriología y química médica
y desempeña el cargo de preparador en la Cátedra
de Fisiología Experimental.
En 1901, Rangel que apenas cuenta 24 años de edad,
publica en la Revista Anales de la Universidad Central
su primer trabajo científico titulado "Teorías
del Sistema Nervioso".
Al abandonar formalmente sus estudios universitarios,
Rangel es designado Preparador en el Laboratorio Clínico
del Hospital Vargas; luego el Dr. Santos A. Dominici lo
acoge en su "Instituto Pasteur", lo designa
Jefe del Laboratorio Clínico del Hospital Vargas.
Rangel es estimulado por algunas de las más eminentes
figura científicas de aquellos días: Pablo
Acosta Ortiz, Emilio Conde Flores, Santos A. Dominici,
Luiz Razetti, José Gregorio Hernández.
En 1903, Rafael Rangel presentó ante el Colegio
de Médicos de Caracas un trabajo titulado "Etilogía
de ciertas anemias graves en Venezuela". En este
trabajo Rangel indica que el Necator Americanus es el
origen de la anemia y de otra graves dolencias que diezman
los campos y suburbios de Venezuela.
En 1904, después de afanosas y largas observaciones,
Rafael Rangel, precisa definitivamente el nefasto papel
del anquilostomo en nuestros medios rurales.
A tiempo que Rafael Rangel se ocupaba en la defensa de
la salud de los laboriosos hombres del campo venezolano,
su ya extendida fama de investigador científica
lo lleva a aplicar sus conocimientos de parasitología
a las áreas de la agricultura y de la cría.
De esta incursión investigativa, Rangel dejó
para la posteridad su trabajo titulado "Nota preliminar
sobre la peste boba y la derrengadera de los equinos venezolanos".
En 1906, Rangel, provisto de un laboratorio bacteriológico
portátil viaja a los estados Carabobo y Falcón
para estudiar etiológicamente una epidemia que
azota a los ganados caprino y bocino. En los diversos
análisis que practica al respecto, además
de aislar el germen que produce el ántrax o carbunco
bacteriano, descubre en los bronquios de los animales
examinados los huevos, larvas y adultos del gusano Dictiocaulus
filaria que produce la bronquitis en los becerrros.
La etapa culminante de la carrera científica de
Rafael Rangel corresponde al año de 1908. Un médico
de La Guaira, el Dr. Gómez Peraza, comunica al
Cónsul norteamericano en dicho puerto que está
en conocimiento de la existencia de casos de peste bubónica.
El Cónsul informa a las autoridades y éstas
preocupadas resuelven la detención del médico,
quizás por considerarlo alarmista, y encomiendan
a Rangel la inmediata investigación del asunto.
La actividad desplegada por Rangel para hacer retroceder
el tremendo mal que amenazaba a Venezuela fue realmente
extraordinaria.
El General Cipriano Castro, Presidente de la República,
lo condecora con la orden del Busto del Libertador y establece
una cordial y frecuente comunicación con el sabio
trujillano. Esta circunstancia concita la envidia y animadversión
de las medianías políticas y profesionales
del momento, hostilidad que va creciendo y haciéndose
cada día más insidiosa y agresiva. El Ministro
de Relaciones Interiores, Dr. López Baralt había
prometido a Rangel la asignación de una beca para
que se trasladase a Inglaterra a cursar estudios. Pero
sobrevino la caída del Presidente Castro, y el
nuevo régimen no sólo incumplió la
promesa formulada en mérito a los grandes servicios
prestados, sino que le solicitó la renuncia como
Jefe del Laboratorio Clínico del Hospital Vargas.
La campaña contra el sabio trascendió a
la prensa y un médico por demás obscuro
le recriminó su condición de simple Bachiller
de la República. Otro sujeto, carcomido por la
envidia, ante la posibilidad de que Rangel fuese al Brasil,
el cometido científico tuvo la imbecibilidad de
manifestar en pleno Congreso que aquel país no
necesitaba la presencia de "un negro más".
Inclusive llega a negarse su papel decisivo en el control
de la peste en La Guaira, atribuyeno todos los méritos
a otra persona.
La sensibilidad de Rangel se resiente profundamente. El
despojo que se le hace de su cargo en el Hospital Vargas,
donde han transcurrido sus más intensos años
de labor abnegada, lo hiere en lo más hondo de
su espíritu. Y lo conduce a la funesta decisión
que puso fin a su vida y dejó huérfano al
país de uno de los auténticos padres de
su progreso médico-científico.
(Información
obtenida del libro "Gente de Venezuela", Tomo
II, del autor Jorge Maldonado Parrilli.)
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