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Durante
el pasado siglo XIX el estado Trujillo se vio favorecido
por caudalosa emigración italiana que se insertó
muy positivamente en casi todos los poblados de la región
trujillana: Trujillo, Valera, Carache, Boconó,
La Quebrada, Betijoque, Escuque, fueron asiento de los
numerosos inmigrantes; pero también, pequeños
pueblos como San Lázaro, Monte Carmelo, Santana,
Burbusay, La Puerta, Torococo, San Jacinto, Carvajal,
se vieron reanimados por el caudal de la inmigración.
Lo cierto es que en el Estado Trujillo, si bien se sienten
como en cualquier otro lugar de Venezuela, los efectos
de la situación económica actual, se respira
un ambiente de sano optimismo, de ilusionado entusiasmo
juvenil, que se traduce en las más diversas iniciativas
de índole cultural y de empeño laboral.
Ello induce a algunos intelectuales trujillanos a sostener
que Trujillo, en sus diversos y accidentados aspectos
geográficos, forma una comuniad de trabajadores
del agro y de la cultura.
Pues bien, dentro de este contexto cultural, de variadas
raíces étnicas y definidos propósitos
de prevalencia, nació un buen día, en las
primeras décadas de este siglo, Régulo Burelli
Rivas. Su advenimiento se produjo en Monte Carmelo, pintoresco
pueblecito, rodeado de haciendas de café y constantemente
amenizado por aires musicales ítalo-venezolanos,
en los que las cadenas de bambucos y valses andinos se
conjugaban con los melodiosos compases de "Torna
a Sorrento", de "Santa Lucía", de
la "Donna e Mivole", de "Una furtiva Lágrima"
y de "Recóndita Armonía".
Desde los primeros años de su existencia Régulo
Burelli Rivas ofrece atisbos de su delicada sensiblidad
artística y humana. Apenas siendo un niño,
aprendidas las primeras nociones escolares, gusta de trasmitir
sus conocimientos a los humildes campesinos que, con su
padres, laboran en los campos circunvecinos. La familia
Burelli se ha trasladado de Monte Carmelo a La Puerta,
hermosa población asentada entre los ventisqueros
andinos, y es allá donde Régulo Burelli
Rivas llega al pleno uso de la razón y los primeros
albores de su capacidad creativa se manifiesta. En Burelli
Rivas despierta entonces el poeta hondo, sensitivo, sentimental,
bajo un mágico signo de musicalidad.
Régulo Burelli Rivas, nacido de una familia de
modestos recursos económico, aspira a realizarse
conforme a sus inclinaciones vocacionales. Lo atrae el
arte, lo seduce la literarura, lo llaman los estudios
humanísticos. Las posibilidades económicas
para transitar cómodamente este camino son escasas.
Las piadosas convicciones católicas de la familia
Burelli vienen a abrir una perspectiva a los afanes intelectuales
del joven Régulo. Así éste, con la
anuencia de los suyos, decide seguir estudios eclesiásticos
en el Seminario de Mérida. Ello se hace posible
gracias a una beca que para tales fines otorga un importante
comerciante de Valera.
La estancia en el Seminario permite a Régulo Burelli
Rivas ampliar sus conocimientos y aquilatar sus inclinaciones
literarias bajo la influencia del Eminentísimo
José Humberto Quintero, y sus maestros: Xavier
vo Wazamael y el Padre Nepomuceno Ochoa (eudistas) del
Seminario. Persuadido de su escasa vocación sacerdotal,
aunque fortalecido en sus convicciones cristianas, sale
poseedor de la disciplina y formación que le permiten
desenvolver a cabalidad sus excepcionales dotes de escritor
y poeta.
En lo adelante, Régulo Burelli Rivas estudiará
Derecho en la Universidad de Los Andes e impartirá
enseñanza de educación media en el Liceo
Libertador. Adquirido el título de abogado, también
ejercerá la docencia universitaria. Su producción
poética se hace profunda bajo el pseudónimo
de Héctor de la Montaña. Más adelante,
en 1945, publicará bajo los auspicios del Gobierno
del estado Trujillo, presidido por el Dr. Numa Quevedo,
su primer libro de poemas, "Kalendario de Abril",
donde se recogen hermosas composiciones juveniles, en
las cuales bulle una inspiración romántica
contenido por los moldes de serenas formas clásicas.
Abierto a la producción literaria, Régulo
Burelli Rivas realizará una brillante labor de
ensayista, crítico y poeta. En diversos órganos
literarios, particularmente en la Revista Nacional de
Cultura, y en los suplementos literarios de lo principales
diarios capitalinos, aparecen frecuentemente trabajos
críticos, ensayos y poesías de Burelli Rivas.
Su producción es constante, versátil, de
alta calidad, sea cual fuere el molde (prosa o verso)
en que se plasme. Paralelamente a su labor literaria,
Burelli, como buen venezolano, incursiona por los predios
de la política y de la actividad pública.
Por su firmeza y dignidad en cuanto a convicciones se
hace merecedor de una incómoda temporada en la
Cárcel Modelo, durante la dictadura del General
Marcos Pérez Jiménez. Después, rescatada
la democracia, Régulo Burelli Rivas se da al servicio
del país como escritor, como docente y como funcionario
público, particularmente en el campo de la política
exterior, como Embajador en Rusia, China y Alemania Federal.
Después de haer soñado mucho, de haber sentido
mucho y de haber servido mucho, Régulo Burelli
Rivas, aún pleno de poder intelectual, muere el
21 de noviembre de 1984.
Su obra reclama una edición completa y valorizada.
Esperamos que el Núcleo Universitario "Rafael
Rangel" en el estado Trujillo, con la cooperación
del Gobierno regional y de las demás instituciones
culturales nativas, emprenda esta labor, como ya la ha
emprendido y realizado en parte con respecto a Mario Brieño
Iragorry, a Ramón Briceño Váquez
y a otros eminentes trujilanos.
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