De Colombia y Salazar (I)

Redacción por 
Alí Medina Machado
 el 
Jue, 07 Oct | 2021
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Queremos elogiar a Colombia, país que vive en sueños en nosotros. Amada una y mil veces por los senderos nocturnos del alma, en el momento detenido de tantas vivencias a distancia, en el noctámbulo volumen de una lejana estación radiodifusora, que nos introdujo sus voces y sus canciones en el corazón desvelado, y que nos hizo sentir amor por el bambuco, el pasillo, el porro…el merecumbé.

Si, Colombia, tierra noroccidental de Suramérica, de belleza encendida por la mejor geografía de llanos, pastizales y selvas…Tributo de la poesía naturalista…Colombia, en cuyos centros se implanta, como gigantesca mano abierta, el abanico terminal de Los Andes. Colombia nombre de la historia por el valor espiritual de sus hijos, en la egregia y señorial figura de Francisco Oscar Salazar; nombre y voz de la patria, signo espléndido de la mejor condición humana; enaltecedor ciudadano de su  tiempo y de su  mundo; cuya vida fue pura riqueza y fortaleza de espíritu, y cuya bonhomía  reafirmó en nosotros el amor sentido por el país hermano, hasta hacernos exclamar con orgullo: ¡Somos colombianófilos!, esencia misma del mejor sentimiento de hermandad; nación única y grande, afincada en este sentir que emerge de lo profundo del ser, para elogiar y cantar al país y al hombre…a Colombia y a Francisco Oscar Salazar.

La música son los pies con los que Colombia  recorre los caminos. Páginas diversas  de un pentagrama sentido por el hijo artista. Palmarés de notas escapadas del corazón. Manos hechas amistad…La música colombiana llega y nos templa; ella hace que el sentimiento perciba la riqueza de una tierra llena de amor y melodía: Doña Maruja Hinestroza, Arturo Henao, Enrique Figueroa, Francisco Bedoya, Pacho Galán, Hugo Traspalacios, Favio Ospina, Patrocinio Ortiz, José Morales, Luis Uribe Bueno …Ellos y tantos otros hicieron sonoro el pentagrama de la Patria, y emplearon el piano, la guitarra y otros instrumentos de la tierra adentro para que el mundo aprendiera a escuchar  a Colombia, a sentirla en la alegría y en el llanto; en la fiesta y en el dolor… a llevarla en el alma. Ellos y tantos otros son el timbre musical colombiano, son nombres de la patria musical colombiana.

“Y se hicieron bambuco: ‘La vecinita’ altiva y mimosa, arropada en la serenatas que brindaban preguntas angustiosas. Y ‘La callecita’ de la copla española, que se volvió morena y criollísima cuando se echó al hombro ‘La ruana’ sabia, de rayas como caminos que confunden el castillo y la cabaña. Hubo una nueva ‘Antioqueñita’, juguetona en décimas que sembraba piropos vegetales.” (Hernán Restrepo D.)

Sí, en un principio, tiempo lejano, fue “Radio Zutatensa”, la que musicalizó nuestro espíritu para acercarnos a Colombia, vino luego el tiempo de la música bailable: Pacho Galán, inmortal maestro que nos supo tocar la parte festiva del corazón con el sabor de su música. Y el Merecumbé que  se nos metió en la sangre. Y la Costa Atlántica con su color y su ritmo palpitantes… Y  luego de la música, la hermandad del hombre, de este hombre llamado Francisco Oscar Salazar, que llegó un día a convivir con nosotros y a escribir una biografía conjunta con este pueblo trujillano, que le dio las rosas de su mejor poesía, en el cariño de su eterna aurora pura y diáfana, como él se lo merecía por ciudadano y humano en la cristalización muy nívea de su buen corazón samaritano…Así, Salazar, hijo colombiano; amigo venezolano, así el pueblo te quiso y la raza popular te adoró. Y todos nuestros pobladores cantaron sus canciones para ti, porque tuvieron fe en tu fe, y porque tú los nombrabas en los actos de la vida y de la muerte. Y porque les brindaste tu Patria, que es una grande y sola acordonada con la tierra solidaria venezolana; hijas predilectas ambas de las páginas libertarias  escritas por el Libertador. 

La Pintada, hace sentir amor por las cosas locales de la tierra. Pequeña y pintoresca población. Tantos recuerdos: las orillas del río Cauca y la delgada capa de asfalto que la conduce a Medellín. Y en La Pintada, los farallones: se habrá  visto un fenómeno natural de más impresionante belleza. La pintada es la antesala vegetal que nos acerca a Medellín; luego, la ciudad alta y muy cercana a los mil quinientos metros; fría y serena esta capital antioqueña venida desde aquel 2 de marzo de 1616, cuando fue fundada. Y en el largo caminar de su historia, tantos hechos, cultura y desarrollo. Industriosa por los cuatro costados; hoy constituye la segunda ciudad del país, con área metropolitana millonaria en población, y con ese gran poderío industrial que se mueve hacia áreas vecinas, al núcleo de las poblaciones del Valle de Aburrá. Y cuenta Medellín con institutos superiores de educación, famosas sus universidades en programas y en hombres; docta ciudad tan nombrada en todas las latitudes del Continente; orgullo de sus hijos y exaltada por muchos. Y qué decir de su cultura mayor: Medellín, déjame decirte entonces que de ti conocemos entre otras expresiones, tu Cerro Nutibara, que está en tu corazón, el Bosque de la Independencia, la Feria Taurina de la Candelaria,  tu Feria Agropecuaria de agosto,  tu Desfile de Silleros y el célebre Alumbrado Decembrino, desde el 08 de diciembre hasta el 06 de enero, cuando tu faz de gran ciudad, en este lapso, se llena de luces multicolores en avenidas, parques y suburbios, que hacen de las noches navideñas de Medellín un fascinante espectáculo que queda grabado en el alma. Para ti Medellín surge el elogio, y para tu hijo, Francisco Oscar Salazar, este fanal de sentimientos en las galas que vestimos para rendir un homenaje a su talento y a su recuerdo.

La música colombiana en todas sus expresiones, es una canción de geografía física: se nombran pueblos, es música de paisajes y costumbres; del hombre y de sus estados anímicos… La música colombiana enseña al país en lo que tiene afuera y en lo que siente adentro… aquí en Venezuela, solemos decir: nos gusta la música colombiana, su música de tierra adentro que nos llega a lo profundo del ser, que nos carga de sentimientos e identidad con tantos hermanos nuestros, que viven en esa geografía tan llena de espíritu y de obras memoriales. Las vivencias emotivas de la música típica y folklórica colombiana nos hacen querer ese país, nos atan a sus costumbres, faenas y recuerdos… Se habla de ella con inclusión de amor y de parranda; de lejanía y recuerdo; de viaje y paisaje; de ríos serenos que se deslizan cantando; de noches y vigilias con cargas de canto, baile y aguardiente; de la casa vecina y la ventana y el beso de fuego; de la mujer labriega que va al campo y canta bambucos sobre el surco y la simiente; de la fonda y de la ruana; de los caminos y del Te quiero emocionado del muchacho a la muchacha; del trapiche y del cafetal; en fin, de una temática total que deja entrever la profunda fibra espiritual de una gran patria emocionada.

Y hablemos un poco de su poesía. En la poética colombiana se exhorta al hijo a cantar con el alma. Cantan con el alma los hijos de Colombia, y llaman a dar la vida por la gloria, y glorifican a su país: saben glorificarlo. Valencia, Florez, Pombo, Caro, Isaacs,  Greiff,  Diego Fallón, Jorge Isaacs, quien cantó a Felisa: “Vi tardes de verano, / tardes del Cauca, / voluptuosas, risueñas, / y engalanadas / y muchos días /… Poetas que en igual sentido, trabajan la tierra no para sacar el oro en bruto sino para hacer del café el afán espiritual. Y habiendo conseguido el fruto a plenitud, vienen entonces en la hora de la paz a cantar con un empeño vital: “Fruto y paz coronan/ tu noble raza austera/ que cuida tu bandera, /idioma, historia y cruz/…por ti daremos todo, / Colombia, en tu derecho: /aquí esta nuestro pecho/y adentro el corazón.”        

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