De Colombia y Salazar ( II )

Redacción por 
Alí Medina Machado
 el 
Vie, 08 Oct | 2021
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Fotografías por 
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Un hijo bueno de Colombia fue Francisco Oscar Salazar, que convivió sus inquietudes  y sus pasiones sociales con Trujillo, ciudad y pueblo, una sola hermandad afectiva  con el corolario de la paz como emblema interior. Salazar estaba lejos del sacro suelo de la Patria, y estaba cerca porque la amaba y nombrada en sus días permanentes. Lejos la tierra de la gente que meció su cuna, cerca la alegría y el compromiso de saberlas representar. No fue proscrito, ni sintió dolor, no tuvo pena ni miseria, porque supo sembrar para cosechar, y la amistad se le brindó como un solo valor cotidiano. Lejos de su suelo natal y, sin embargo, cerca. Jamás le dijo adiós, jamás. Eso lo sabemos todos. Adiós dice a la Patria quien la deja para  vagar con tristeza por los caminos de otras naciones, aquel que  sólo sabe regar llanto por las  avenidas de los pueblos, el que medra caridad en villa extraña. Salazar por el contrario,  fue un naranjo en flor en medio de nosotros, con el mismo perfume de su patria de origen, que al paso del tiempo vino dando su jugo dulce, para que el rumor de la voz callada del poblador, se convirtiera en un aleluya de agradecimiento, cuando voces hermanadas gritaron fuerte su nombre para decirle gracias.

Hagamos entonces un recorrido de sueños y esperanzas por Colombia.  ¿Cómo? metamos nuestros corazones  en su tierra y veremos al hombre y percibamos su voz y sintamos su espíritu. Que todo será canto y poesía proveniente del ambiente artístico que se detecta en la parte medular y en la periferia del alma de ese gran país…

”Desde la tierra pueblerina, desde las vegas y los valles en donde al caer las tardes, las casitas de campo, las fonditas camineras y los eucaliptos guardianes, cantan bambucos y pasillos; y en donde florecen romances como rosas y azaleas, el corazón arrullado por tiples, guitarras y bandolas, y las manos encallecidas por las hachas y los azadones, cinceles de pueblos rurales, y en los labios palabras con arrullos recién nacidos y triunfales acentos de victoria fundadora.”

Viajemos ahora por los senderos colombianos, sigamos rutas. De Bogotá tantas cosas sorprendentes: La Calera-Guatavita…Parque Nacional… Guasca…Aguas Termales…Represa. Puente del Común, Chía- Tabio… Zipaquirá…renombrada Catedral de Sal.  Sopo, población sabanera, Puente de Boyacá…  Y luego Tunja…altísima de muy baja temperatura. Capilla del Sagrario y Mono de la Pila. Luego, Villa de Leiva, desde 1572. Allí detenida como uno de los pueblos más hermosos y mejor cuidados de la provincia…Duitama Y Sogamoso. Allí, Museo de Arte Religioso y Parque Arqueológico…Y a 1018 metros de altitud  y con temperatura de 24 grados aparece Bucaramanga…ciudad de parques y de aspecto esencialmente cultural. Y en Floridablanca el estupendo jardín de flores tropicales. Es Colombia, tierra de paisajes sin límites.

Y en otra ruta bella, con telón de cumbia caliente y con sabor de la costa, miramos a Santa Marta…tierra que nos trae la historia del ocaso del héroe de América, Simón Bolívar, Padre y Libertador…allí detenido por designios del destino en aquel diciembre de 1830…Ocaña…ligada a la historia del país, es cuna de hombres ilustres…El Valle del Cesar hecho canción en el vallenato melódico, tierra ardiente y feraz…ganadera. Y luego Valledupar…siglo XVI… Hernando de Santana. Recia presencia de casas y construcciones coloniales…Y su templo de Nuestra Señora del Rosario…Y la Sierra Nevada de Santa Marta…Y la Quinta de San Pedro Alejandrino…Y el Rodadero de Gaira y Punta de Betín y Taganga y Villa Concha…

Todo un rosario de imágenes  viajeras y sentimentales que se nos meten en el alma por el efecto armónico de la poesía y la música.

Así es Colombia, la tierra que exaltamos. Tierra de Valencia, de Caro, de Pombo, de Greiff, de Florez…Colombia: de quien hizo elogio Jorge Isaacs, con el terceto final de su soneto:

“El mundo de Colón es tu horizonte,/  Y mientras haya esclavos bajo el cielo,/ Habrá libertadores en tu suelo.”

Del nervio interior colombiano proviene la cumbia, risueño ritmo de la vida, homenaje de la tierra a los sentidos y de estos a la tierra. La cumbia,  juntura del baile y del amor en verso caliente que hace mover el cuerpo. Combate de la danza. Canto y tormento que asordan la noche de Colombia. La cumbia aire del país, que movió al poeta Jorge Artel para decirnos: “hay un llanto de gaitas / diluido en la noche. / y la noche metida en ron costeño, / bate sus alas frías. / sobre la playa en penumbra, / que estremece el rumor de los vientos costeños.”

Pujante tierra, Colombia, altivo nombre del descubridor…Colón no estuvo en ti, pero tú eres descubrimiento del ala empedernida por medio del lauro que te dan tus hijos…Gentil república admirada, tienes las cualidades  de tu topografía, de tu clima, de la fisonomía exquisita de tus ciudades y pueblos, la riqueza inmensa de tu acervo patrimonial, y el don expresivo de tus hombres y mujeres, cual pendón de historia para hacerte llamar Atenas de América”, en el juicio valorativo de los tiempos.

Y tu cultura, constante hacer de tu historia…tenaz labor de siempre. Cómo se la reconoce. El habla y las letras de Colombia sobresalen por su corrección y pureza. El número de tus intelectuales dedicados al placer de la cultura es sorprendente; tus mujeres han desempeñado un papel importante en las artes y las letras; espiga de verdad tu cultura, inmenso caudal de aportaciones la tuya a la civilidad latinoamericana.

El blasonado orgullo de la cultura colombiana nos remonta a muchos siglos antes de Cristo…resalta desde allá una animosidad autóctona entre indios andinos…Nos circunda el aliento civilizador de los chibchas y su capital Batacá, hoy Bogotá… y más allá el apogeo de otra civilización denominada de San Agustín, sita en el Departamento de Huila…Y el excelente patrimonio de orfebrería y artesanía de los quimbayas, chibchas y chiriquíes es excelente: laminarios de oro, el arte del repujado, la incrustación en cobre, la elaboración de hilo de oro y tantas otras maravillas nos dejan perplejos…Toda Colombia tiene que ser poema; su mismo devenir sale de adentro, de pueblo y hombre y mujer y niño; sin un dolor, más con pasión y flor dados al tiempo para engrandecerla; Patria cristal de honor para sus hijos, que estando lejos sienten, sin embargo, la alegría de tus amaneceres y la nostalgia de tus anocheceres; ambas bajo la siempre azul mirada de tus cielos serenos…Hasta Colombia enviamos nuestra rama de laurel con  alma.

Francisco Oscar Salazar en el ardor constructivo de su vida signa la gloria colombiana. Es la misma gloria personalizada y la dicha y la gracia de ese gran país…Es su libro humano fiel; en él y por él aprendimos a leer el sentido grandioso del país hermano. En Francisco Oscar Salazar alcanzó plenitud la nostalgia nuestra por la música de Garzón y Collazos, por los duetos interioranos, por “El Cafetero” de Maruja Hinostroza, por el cafetal “que la flor convierte en beso”, como reza el verso del bambuco, por el mismo bambuco y el pasillo; por el tiple y otros instrumentos típicos; en fin, por esa serie de matices que hacen de Colombia un país lleno de compositores y de música.

Hemos hablado de Colombia, la hemos elogiado y cantado con el corazón. Lo hicimos para rendir homenaje a un ciudadano ejemplar, hijo suyo del alma, hijo también de nuestra tierra: Francisco Oscar Salazar. Y cubrimos la parte final del homenaje con un fragmento de un  hermoso poema del autor colombiano, Lucio Pabón Núñez. En él vislumbramos a Francisco Oscar Salazar, en sus felices días de su Medellín natal, allá en su casa, con sus padres y hermanos y hermanas; al lado de su hermana mayor que tanto lo cubrió de afecto y de cariño y rodeado de sus sobrinos queridos y nombrados todos los días. Dice el poema en parte de su cuerpo: “Mi alma se sumerge en esta placidez primaveral. / Todo en mi contorno es elemental, seráfica, traslúcida alegría. / Siento un hondo y suave deseo de amar, y laborar, y de vivir.”  

 

 

 

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