Familia que ocupa antigua sede del Colegio de Contadores Técnicos clama por una vivienda digna

Redacción por 
Fabiola Matheus Pérez
 el 
Jue, 14 Oct | 2021
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Fotografías por 
Richard Montilla

Hasta hace tres meses Rosa Gisela Rondón caminaba, después de padecer artritis durante los ultimos tres años, mientras que su condición se agrava cada día, manteniendola en una cama, obigandola a depender de sus cuatro hijos y esposo, así comienza la historia de esta familia que ha habitado desde hace siete años los espacios del antiguo Colegio de Contadores Técnicos ubicado en la urbanización La Beatriz de Valera.

Esta humilde madre reside en esa edificación tomada junto a su esposo José Hipólito Torres y sus cuatro hijos, todos menores de edad, narrando que quedó damnificada cuando vivían en Sabana de Mendoza, lo que los obligo a ocupar esta sede que hoy presenta filtraciones en techos y paredes, humedad, sin servicio de agua, sin enseres, por lo que esperan por una vivienda "digna" para que sus hijos puedan crecer en un ambiente seguro.

Los días de la familia Torres Rondón, transcurren entre la falta de una alimentación sana y los problemas que presenta la infreaestructura del local que tomaron como su vivienda, ya que dependen solo del trabajo del padre de los niños, quien se desempeña en diversas labores como "limpia casas y patios, al igual que trabajos de carpintería y plomería o en lo que "le salga", sin embargo, lo que percibe no alcanza para mantener una familia de seis personas.

Relata, que todo se les ha complicado, desde el inicio de la pandemia los dos hijos mayores no estudian, y tampoco están inscritos en el sistema educativo, no ven la posibilidad de comenzar ante un posible regreso a clases, porque en su humilde hogar no conocen de tecnología para poder aceder a la modalidad de distancia.

Adquirir el pan de cada día es cada vez más difícil, comenta, comprar alimentos se hace cada vez más dificl, mucho menos ropa o calzado, y es que a medida de que todo sube, ya en la mesa de esta familia no consumen las proteínas tan necesarias para el crecimiento sano de los menores.

Y es que esta es la Venezuela que no se parece al país de hace 22 años, donde 8 de cada 10 personas sufren por hambre, hurgando entre la basura que abunda en las calles, gente que muere de mengua en los hospitales por falta de insumos para sobrevivir a alguna dolencia, mientras que se destruye el aparato productivo, los servicio públicos y el sistema de salud, familias de distintos puntos del país han ingresado a las estadisticas que engrosan la pobreza extrema, siendo ellos los más vulnerables y dominados, como este vivo ejemplo de un hogar trujillano.

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